Devoción a la Consagración

Esta consagración debe implicar el deseo de unirnos cada vez más con nuestro Salvador. Esto significa identificarnos con Él como miembros suyos, que buscan la perfección de la caridad y la transformación mística, que es el fin de nuestra consagración religiosa. Significa también procurar llevar a plenitud en nosotros los efectos de nuestro bautismo, por el cual fuimos incorporados a Cristo. Esta devoción implica no una identificación simplemente parcial con Cristo, sino una con la característica de la totalidad y, por lo tanto, de perfecta identificación con Él.

Identificarnos con Él y transformarnos en Él significa también inmolarnos con Él en reparación tanto por nuestros pecados personales como por los pecados de todos nuestros hermanos, mediante el holocausto de nuestra vida religiosa. En efecto, la reparación es un elemento esencial de esta devoción, como el Señor se dignó revelar a santa Margarita María.

Principales beneficios prometidos

  1. Conservar el fervor inicial del Instituto:

    “Estos frutos de vida y salud [que traerá la devoción al Corazón de Jesús] nos renovarán en el espíritu original de nuestra santa vocación”. En otro lugar dice: “Satanás quiso desahogar su furor destruyendo el espíritu [de nuestro Instituto] y arruinarlo así. Pero creo que no logrará su intento si queremos, según las intenciones de nuestro santo Padre [san Francisco de Sales], usar los medios que él nos da [esta devoción] para restaurar en su primer vigor el espíritu de nuestra santa vocación, viviendo según las máximas del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo”.

  2. Alcanzar los fines del Instituto:

    Esto se sigue de la renovación del fervor original del Instituto. Recordando una visión en la que la Santísima Virgen María entregó la devoción al Corazón de Jesús a la Orden de la Visitación y a la Compañía de Jesús, la santa dice: “En la medida en que le den gusto, este Divino Corazón, fuente de bendiciones y gracias, las derramará tan abundantemente sobre las tareas de sus ministerios que producirán frutos mucho más allá de sus labores y expectativas. Y esto también respecto de la salud y la perfección de cada uno en particular”.

  3. Unión de caridad entre los miembros:

    En una carta, tras enumerar varias promesas a las comunidades religiosas, santa Margarita María añade: “Y (prometió) que derramaría este dulce ungüento de su ardiente caridad en todas las comunidades religiosas donde fuese honrado y que estuviesen bajo su especial protección, y que mantendría unidos en ellas todos los corazones de modo que formasen uno solo con el suyo”.

  4. Fortaleza y unidad frente a los peligros de división y a los ataques externos:

    La santa dice: “Estoy segura de que nuestro santo Fundador, temiendo que los cimientos de su edificio comenzaran a resquebrajarse, había pedido un sostén capaz de defenderlo. Se le dio la devoción al Corazón de Jesús como medio para reparar las grietas del edificio y servirle de defensa contra los ataques de sus enemigos, y como sostén para que no sucumbiera en el futuro”.

[1] Sobre las enseñanzas del Magisterio cf. Pío XII, Carta Encíclica Haurietis aquas, 4.
[2] Esta es una de las ideas más fuertes y centrales desarrolladas por san Juan Pablo II en Vita Consecrata; cf. 16-26 y passim.
[3] The Letters of St. Margaret Mary Alacoque (Rockford, IL: TAN, 1997).

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